Era día de examen en el Gimnasio de la Federación de Estudiantes de Guadalajara. Antes de iniciarlo me llamaron con urgencia de la oficina de Deportes. Una madre de familia deseaba hablar conmigo sobre la conducta de su hijo, quien era mi alumno. Llorando y temiendo ser sorprendida, me contó el pésimo comportamiento del muchacho, quien incluso la golpeaba. “Creo que el Karate no es para eso y usted me lo ha confirmado. Vine porque quiero que se corrija. Por favor, guárdeme el secreto”. (
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